Fui la encargada de llevar parte de la comida que el grupo consumiría en este viaje a la playa. Mi mejor amiga Claudia, había sido la promotora desde hace tres meses, insistiéndonos en que era el mejor momento para liberarnos del estrés de los estudios y seria algo diferente como parte de las vacaciones universitarias de medio año. Realmente su entusiasmo nos contagio a todas.
La idea de llegar a broncearnos, tomar piñas coladas, disfrutar del sol, la arena y el mar, además de conocer chicos guapos en trusas, sonaba que aquello seria una maravillosa aventura.

